martes, 16 de marzo de 2010
La "Ley Electoral", base de la corrupción del sistema en España
España no es una democracia porque las leyes básicas que regulan las democracias no tienen vigencia en el "sistema" español. Pero, ¿dónde está la clave del problema? ¿Por qué es tan desequilibrado y perverso el sistema español?
La respuesta es tan clara como evidente: la "Ley Electoral" vigente en España es tan poco democrática que desvirtúa el sistema político, siembra la injusticia, altera la convivencia, impide que las elecciones sean verdaderamente libres, sostiene la dictadura de los partidos, promueve el bipartidismo, ampara a los nacionalistas más extremos y condena al ostracismo al ciudadano y a los pequeños partidos.
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lunes, 15 de marzo de 2010
Evanescence. “My inmortal”
Para una persona en la que a pesar de la noche, de la luz cenital de un bar, pude observar en la expresión de su rostro y en su mirada el dolor y la amargura de tantos años de soledad, de fracasos, de mentiras, de muchas lágrimas secadas y tantas derramadas. De un corazón cerrado al amor, de un recuerdo que todavía la persigue y que no ha podido conseguir borrar. Aquella noche ni las sonrisas que pude arrancar de sus labios ocultó ante mí tanta pena guardada. Aunque ambos sabemos que nunca habrá nada entre nosotros, encontramos un poco de consuelo para nuestros corazones. Una buena persona a la que deseo que muy pronto contemple el amanecer con alegría.
El poder de la mente
De la interesante entrevista a Eduardo Punset publicada en XL Semanal, en relación a la publicación de su nuevo libro El viaje al poder de la mente (ed. Destino), entresaco lo que considero más desafiante y que la ciencia actual nos está desvelado, rompiendo con teorías que hasta hace poco parecían casi inmutables.
XL. Uno de los puntos centrales de su libro es la reivindicación de la intuición, lo que no deja de ser curioso desde el punto de vista ‘científico’: primar la intuición sobre la razón.
E.P. Éste ha sido uno de los grandes descubrimientos de los últimos cinco años: no se necesitan procesos reflexivos muy sofisticados y conscientes para tomar una decisión importante.
XL. Incluso va más allá. Dice que si me dejo llevar por mis corazonadas, tengo tantas posibilidades de acertar en mis decisiones como si me guío por la razón. ¿No es así?
E.P. Más, tienes más posibilidades de acertar. Ahora sabemos que, dentro de la historia de la evolución, la conciencia o los pensamientos conscientes son algo muy reciente. Durante millones de años, este ‘animalejo’ que somos ha vivido sin consciencia, así que el pensamiento inconsciente tiene tanta experiencia o más que el consciente a la hora de garantizar su validez. Cuando yo decido acatar lo que me dice mi inconsciente, sin darme cuenta siquiera, en realidad estoy tomando una decisión que es el fruto de una experiencia de miles de millones años. Pero, además, sabemos que la corteza cerebral, que es la que supuestamente controla las decisiones conscientes, es la última en formarse en el cerebro, lo hace cuando ya tenemos unos años de vida.
XL. ¿Y por qué, evolutivamente, en un momento dado no fue suficiente la intuición para sobrevivir y desarrollamos la conciencia? ¿Para qué sirve?
E.P. Pues para situarnos en el tiempo. Yo esto, además, lo he comprobado con mis nietas: hasta los cuatro años no son capaces de distinguir entre el pasado, el presente y el futuro. Han tenido que esperar hasta que la conciencia se formase para poder diferenciarlos.
XL. Dice usted que la distinción entre cautelosos e intuitivos es que los primeros intentan no equivocarse y los segundos intentan acertar. Y reivindica la osadía...
E.P. Ante la falta de información, sí. Y eso en una época de crisis como la que vivimos es fundamental. Se lo explico a mis amigos empresarios: en época de crisis hay que arriesgar; dad el poder a los jóvenes; cambiad de opinión. Si te quedas quieto, estás muerto.
XL. Otros experimentos que cita en su libro muestran que los mecanismos de la imaginación y del recuerdo son muy parecidos. ¿Confundimos pasado y futuro?
E.P. Todo es pasado. Lo que hemos descubierto es que imaginar el futuro y recordar el pasado son entramados similares, activan las mismas partes del cerebro. Y eso deberíamos tenerlo muy en cuenta a la hora de prever nuestro destino porque la memoria es tremendamente imprecisa. El tema de los testigos en los juicios está muy cuestionado a raíz de los estudios sobre la memoria. ¡No nos acordamos de nada!
XL. Sin embargo, usted, al mismo tiempo, promueve que olvidemos y desaprendamos.
E.P. Cuando hablo de olvidar, me refiero a que es una necesidad evolutiva. No podemos almacenarlo todo. Un olvido de fechas, como nos ocurre constantemente, fortalece la memoria de emociones o acontecimientos que debieran durar siempre. Por eso olvidar puede ser sano. Cuando hablo de la necesidad de desaprender, voy más allá. Es la necesidad de renunciar a los prejuicios y dogmatismos que nos impiden avanzar.
XL. ¿El cerebro tiene sexo?
E.P. Sí. Y te diría que afortunadamente. El cerebro femenino tiene ciertas cualidades que es una suerte que alguien las tenga. Pero que quede claro que en ciencia hablamos de promedios. Por ejemplo, en promedio, el comportamiento lúdico es distinto: una mujer angustiada no va a tener ganas de hacer el amor; un hombre, si hay excitación sexual, le da igual si está preocupado: querrá hacer el amor. La concepción del tiempo también es distinta. El sexo masculino tiene una concepción divisionaria; se han creído lo de la división en segundos, minutos, horas... y la mujer tiene una concepción por eventos. Sabe que hay que hacer tal cosa, pero puede o no entrar en el tiempo divisionario. La mujer es más empática, le cuesta menos ponerse en el lugar del otro. Pero, ¡ojo!, son distinciones evolutivas. Esto podría cambiar si pasamos a comportarnos de otra manera. Si los hombres se hacen cada vez más cargo de los niños, en siguientes generaciones empezarán a ser más empáticos.
XL. Se afirma también en su libro que la moral es innata.
E.P. Existe una moral innata en los humanos, al margen y con anterioridad al desarrollo de las religiones.
XL. Sin embargo, parece que nuestros principios morales son muy distintos según en qué cultura hayamos crecido.
E.P. Una parte depende de la cultura, pero siempre existen ciertos principios universales: como la distinción entre acción y omisión. Cuando nos enfrentamos a un dilema moral, las acciones son peor vistas que las omisiones. Si para salvar a cinco personas en un bote hubiera que echar a una por la borda, no lo haríamos. Si para salvar a esas mismas cinco no hubiera que recoger a alguien que se está ahogando, es probable que no lo subiéramos al bote. La mente humana ha desarrollado una norma moral empírica, independiente de la cultura: las acciones son peores que las omisiones.
XL. De su primer libro aprendimos que la felicidad es ausencia de miedo; del segundo, que el amor es instinto de supervivencia. De éste, ¿qué hemos concluido?
E.P. Que el de la mente es el único poder que existe. Y que todo comenzó el día que yo, hace unos 30.000 años, te miré a los ojos e intuí lo que estabas pensando.
domingo, 14 de marzo de 2010
De película. “Fuego en el cuerpo”
En 1944, Billy Wilder terminaba “Perdición”, un espléndido thriller que con el paso de los años terminaría por ser sonoramente reivindicado por la crítica, y redescubierto por el público gracias a la televisión, llegando incluso a desbancar del trono del cine negro más inmortal a las sucesivas versiones, tres de ellas más que notables y singulares, de las que fue objeto para el cine la novela de James M. Cain “El cartero siempre llama dos veces”. Casi 40 años después, Lawrence Kasdan , un cineasta de la órbita de Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y George Lucas, que ya había demostrado sus excelentes dotes para la escritura cinematográfica en guiones como los de “El imperio contraataca” y “En busca del arca perdida”, se embarcó en el reto de reinterpretar aquel título de Wilder y la operación no pudo salirle mejor. Puesta al día en los 80 de la clásica película de cine negro, “Fuego en el cuerpo” cuenta cómo una mujer casada seduce a un abogado, y logra enredarle en sus planes criminales para asesinar a su marido. El film puso bajo el radar el talento de Kathleen Turner. Fuego en el cuerpo es una película rodada con meticulosidad (destaca la inusualmente compleja fotografía de Richard H. Kline, aferrado al uso de la luz natural hasta en las situaciones en las que utilizar ésta resulta técnicamente imposible), resuelta con diálogos cortos que se quedan en la mente del espectador y con el sexo, tórrido, irrefrenable, inevitable, como constante ruido de fondo. Kasdan nos introduce en una sólida historia de deseos insatisfechos, ambiciones privadas, envidias ocultas, bajos instintos mal digeridos y mucha pasión, por el sexo, por el dinero, por, pura y simplemente, salirse con la suya.
Las escenas eróticas, eficaces y con una estética contenida, fueron consideradas casi pornográficas al inicio de los ochenta desde algunos sectores puritanos norteamericanos. Pero no es una película erótica aderezada con una historia de serie negra, como en principió se publicitó en un alarde de especulación informativa interesada: es una excelente película de serie negra que se afilia al sexo - y a su aureola clásica de fatalismos y reversos - como motor apostólico de toda la trama narrativa.
El húmedo calor del golfo de Florida hace que la ropa se adhiera al cuerpo como una segund
a piel, una agobiante capa que limita los movimientos, que convierte cada intento de desplazarse, adelantar una pierna o levantar un brazo en un lánguido y mojado esfuerzo por superar la perezosa quietud a la que obliga la crueldad de los rayos del sol y la ausencia de brisa, pero que permite que los más bajos instintos se cuelen a través de las fibras y los pliegues del algodón mientras que empapa de sudor los pensamientos, las intenciones y, sobre todo, los deseos. Cuando los cuerpos se liberan de esa cárcel, cuando por fin con las últimas horas del día la brisa de los Cayos y los suaves vientos del Caribe logran abrirse paso entre las palmeras a través de las ventanas, los deseos vuelven a ser libres para imponer sus dictados. Y entonces, todo es posible. Así, Ned Racine (William Hurt, en su tercera película), un abogado de dudosa fama, se siente irremisiblemente atraído por los encantos y el sensual magnetismo de Matty (Kathleen Turner).
No hay que olvidar, en este repertorio de brillantez que es “Fuego en el cuerpo”, la penetrante banda sonora de John Barry, en la que algunos críticos han querido ver el trabajo más personal en toda su carrera. Seductora, sensual y misteriosa, sin duda una de las mejores del cine negro.
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