'Soy

martes, 6 de abril de 2010

De la corrupción

matas Jaume Matas

Lo acaso tranquilizador de esas muy manidas filípicas a cuenta de la corrupción política, las rutinarias lágrimas de cocodrilo que derrochan las jerarquías de los partidos siempre que a alguno de sus pares se le va la mano, es su apenas disimulado cinismo. Uno asiste, por ejemplo, a los arabescos retóricos de la señora Cospedal con tal de ilustrar al común sobre la distancia moral que mediaría entre las cuentas bancarias de Jaume Matas y Luis Bárcenas, y, al punto, se sosiega. Nada hemos de temer por el porvenir de las instituciones, se repite tras escucharla. Así, como sus iguales del PSOE, las derechas también harán prevalecer el patriotismo de partido por encima del viejo patriotismo a palo seco, suprema garantía, ésa, para la suerte futura del sistema.

Y es que la corrupción más o menos consentida y celebrada, lejos de encarnar una lacra de nuestro orden institucional, representa la máxima garantía de su estabilidad, el lubricante llamado a asegurar su funcionamiento óptimo. A fin de cuentas, sin unto impune no habría aquí partitocracia viable. Pues, contra lo que ordena el arraigado prejuicio de la plebe, ni todos los políticos son iguales, ni la tendencia hacia la deshonestidad en la cosa publica representa un inevitable sesgo hispano, otra funesta tara cultural inscrita en el ADN peninsular. Ocurre, simplemente, que la perversión oligárquica del régimen representativo exige al ineludible modo patrimonializar las administraciones sometidas al fuero de los partidos.

Esa ecuménica disciplina prusiana que rige en nuestras organizaciones políticas, todas ellas severos internados de las conciencias donde el que se mueve ni sale en la foto ni, ¡ay!, paga la letra de la hipoteca, resultaría inviable sin el balsámico auxilio de la corrupción. Al cabo, sólo la impune violación de leyes y reglamentos posibilita el asalto del rebaño militante al escalafón de ayuntamientos y autonomías; la condición sine qua non que luego garantiza esa obscena trama de cómplices silencios administrativos, la que lleva décadas y décadas encubriendo a todos los Jaume Matas que ha fabricado la soberana voluntad de los partidos turnantes. Mas no hay motivo para la inquietud. Tanto las plañideras del PP como las del PSOE ya nos han garantizado –por omisión, claro– que jamás de los jamases habrán de despolitizar la función pública. Adelante, entonces, con el "y tú más".          

José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.

lunes, 5 de abril de 2010

Ten Sharp. “You”

El caso Garzón

Garzón

Este juez es todo un símbolo de la descomposición de la democracia en España. Dejando aparte las sospechas de su instrucción del caso Faisán, de momento se le han descubierto escuchas ilegales que sólo en sistemas abiertamente policíacos pueden tener curso: un muy presunto delito que no debería quedar en simple anulación de las mismas; se le han descubierto cobros de un banco y el generoso archivo de una acusación contra el banquero; se le ha descubierto el uso torticero de la ley en relación con inexistentes "crímenes contra la humanidad" del franquismo, pretendiendo juzgar a personas fallecidas, mientras utilizaba la ley de amnistía para exonerar a Santiago Carrillo por la mayor matanza de prisioneros de la Guerra Civil, estando vivo su más que presunto autor.

Curiosamente, este último caso, con ser el más grave por su falsedad, injusticia y repercusiones políticas generadoras de odios, es el que suscita mayores reservas porque se ha creado una amplia opinión pública, basada en el embuste sistemático, en el Himalaya de mentiras de que hablaba Besteiro, según la cual la llamada extrema derecha no puede reclamar justicia, quedando ésta monopolizada por la izquierda y la derecha afín a ella, mientras que sería lícita cualquier acción contra el franquismo, un régimen del que procede la democracia actual, hoy en vías de desguace.

En cualquier democracia mínimamente asentada, Garzón llevaría mucho tiempo separado, por lo menos, de la judicatura (como lo estaría Bermúdez por su extraña instrucción de la matanza del 11-M y su intento de hacer negocio familiar con ella). Pero he aquí que en defensa de las actuaciones del primero se ha levantado una oleada inaudita de presiones, intimidaciones, protestas y demagogias varias por parte de la izquierda, intentando desprestigiar y poner en la picota a los jueces que entienden de las acciones de Garzón (a uno de ellos le acusan, nada menos que de ¡haber presentado libros míos en el Casino de Madrid!). Métodos bien conocidos en los totalitarismos, sean el nazi o el leninista, pretendiendo que el juez es víctima de su postura "democrática" al querer investigar "los crímenes del franquismo". Una campaña con proyección internacional, que quiere identificar al franquismo con el nazismo, cuando son quienes tal pretenden quienes con más evidencia usan los métodos hitlerianos. Para ellos, la justicia debe estar pura y simplemente al servicio de sus objetivos políticos

Lo curioso del asunto es que Garzón ha ido tan lejos que probablemente el mismo Gobierno estaría contento de librarse de él, aunque haciendo recaer el coste político sobre la oposición; pues seguramente hay recuerdo del caso GAL, cuando el juez, defraudado por Felipe González en sus expectativas políticas, hizo enorme daño al Gobierno socialista. Pues hoy resulta difícil imaginar que el espionaje ilegal se haya limitado a los implicados en el Gürtel: suele suponerse que el juez acumula gran cantidad de información peligrosa también para el Gobierno, en relación con el chivatazo del Faisán, sin ir más lejos. Una información que perdería mucho peligro si Garzón quedara excluido de la judicatura. Pero mientras esté allí, más vale a los políticos no acosarle mucho. Incluidos los del PP, por supuesto, hoy tan corrompidos como los del PSOE.

En el caso Garzón se ventila una de las últimas esperanzas de regeneración de la democracia. O ganan unos políticos corruptos hasta el tuétano o gana la justicia y con ella la libertad de los españoles. Así de simple.

Pio Moa en Libertad Digital

sábado, 3 de abril de 2010

Michelle Branch y Carlos Santana “The Game of love”

El estado ineficiente y peligroso

10

Es probable que el Estado sea la instancia más ineficiente del planeta. Ha sido creado por el hombre para que gestione el poder político, garantice la convivencia, la seguridad y la justicia, para fomentar la paz y el orden y para que luche contra las grandes lacras de la Humanidad: desigualdad, pobreza, injusticia, incultura, diferencias lacerantes entre ricos y pobres, etc. Sin embargo, cuando se establece un balance justo y preciso, se concluye que el Estado ha fracasado en todas sus misiones y se descubre que, en lugar de eliminar las lacras y garantizar la convivencia y los grandes valores, ha concentrado su esfuerzo en fortalecerse a sí mismo y en dominar, someter y, muchas veces, a asesinar a los mismos ciudadanos que lo han creado. El Estado es, seguramente, la mayor estafa y el mayor fracaso de la civilización.

Tan sólo en el siglo XX, el más sangriento de la historia y el que fue testigo del mayor incremento del poder estatal, los expertos calculan que el Estado asesinó a más de cien millones de personas. Otros expertos elevan la cifra a más de 150 millones, refiriéndose no a muertos en los campos de batalla, sino a gente asesinada en la retaguardia, civiles a los que ese mismo Estado debía proteger.

En el año 2005 ocurrió en Francia un hecho que revela con deslumbrante claridad la sorprendente ineficiencia del Estado: un empresario francés generó un enorme revuelo entre sus trabajadores tras entregarle cada mes una nómina detallada, en la que aparecía claramente que una parte importante, prácticamente la mitad del fruto de su esfuerzo laboral, iba a parar a manos del Estado.

Los obreros y empleados reaccionaron con estupor porque no tenían ni la menor idea de que la empresa les pagaba justo el doble de lo que recibían cada mes, sólo que el Estado se quedaba con la mitad.

El mismo empresario, quizás animado por el efecto que tuvo en la plantilla la información sobre el salario, calculó qué tendría cada trabajador si en lugar de haber entregado al Estado las prestaciones para la seguridad social hubieran invertido esas mismas cantidades en un fondo libre de pensiones. El resultado fue todavía más sorprendente y la indignación de los empleados casi llega a la revuelta al conocer que al jubilarse habrían percibido más del doble de pensión y, en algunos casos, más del triple.

El empresario, tenaz y libre, llegó más lejos y calculó qué tipo de beneficios y servicios médicos habrían disfrutado sus empleados si en lugar de destinar parte de sus sueldos a la sanidad pública, hubieran contratado seguros médicos privados. Lo sucedido en aquella empresa francesa demuestra que lo que está en crisis en nuestras democracias europeas no es el “Estado del Bienestar” sino el Estado mismo, al menos en su concepción actual, como ente supremo, autoritario, aislado de la sociedad, majestuoso, cargado de poder y alejado de un ciudadano que, a pesar del ser el rey de la democracia, ha sido marginado y aplastado.

El Estado, según declaró a la prensa uno de los empleados franceses de la mencionada empresa, “es como un hijo que no sólo no te ayuda sino que te maltrata y te oprime”. Pero la verdad es todavía más dura: el Estado es una máquina ineficiente y cruel que aplasta a los mismos ciudadanos que la crearon, que ha fracasado en todas sus misiones y que incumple vergonzosamente sus compromisos.

A pesar de los enormes recursos que la ciudadanía ha puesto en manos del Estado (fondos públicos casi ilimitados, garantizados mediante el cobro de impuestos, gran capacidad de endeudamiento, monopolio de las armas, servicios de seguridad, tecnologías, información, ejército, legiones de funcionarios y de empleados, etc.) ese ente superior ha fracasado en todas sus tareas y no sólo no ha sido capaz de eliminar la injusticia, la desigualdad, la pobreza, la incultura y otras grandes lacras que azotan a la Humanidad, sino que ha optado por el uso del engaño y de la fuerza, por dominar y ni siquiera ha podido garantizar la seguridad diaria de los ciudadanos, ni de ofrecerles esperanzas de cara al futuro. Demasiadas veces, ese Estado, que sólo se muestra eficaz a la hora de recaudar, se ha revuelto contra el ciudadano, aplastándolo y asesinándolo, como quedó científicamente demostrado a lo largo del terrible siglo XX.

En manos de políticos ineptos y muchas veces corruptos, el Estado moderno es un monumento a la ineficacia y a la injusticia que reclama a gritos reformas urgentes y drásticas. Para muchos ciudadanos conscientes y libres, el Estado, injusto, voraz recaudador, ineficiente, egoísta, rencoroso, arbitrario y violento, es ya su peor pesadilla y empieza a ser visto también como el peor enemigo.

Publicado en Voto en blanco

viernes, 2 de abril de 2010

Luciana Souza. “I can let go now”

Natural de Sao Paulo, Luciana Souza es una de las voces más sugerentes surgidas de la siempre prolífera escena musical brasileña de los últimos diez años. Criada en el seno de una familia con fuertes vínculos con el mundo del arte, no en vano su padre es el guitarrista Walter Santos y su madre, la poetisa Tereza Souza.

El profesor

El profesor

Charo Alcalde

El viejo profesor comenzó su clase como siempre, con un lacónico “hola” y también como siempre se situó en la esquina izquierda del estrado mirando por encima de las gafas para comprobar el aforo del aula. Ajustándose a su estricto ritual invitó a los alumnos a sacar sus apuntes y revisar durante cinco minutos el tema que tenían para ese día.

_Hoy, por ser el último día del curso haremos un repaso somero de los principales conceptos y escuelas juristas que hemos visto en el estudio de la teoría jurídica del delito, repasaremos el concepto del delito imprudente, los elementos subjetivos de la culpabilidad, la tipicidad y las teorías causalísticas y finalistas de la acción…..­­_

Tras la breve introducción hizo una pausa larga y hundiendo la barbilla en el pecho se quitó las gafas con mucha parsimonia y dijo:

_Como todos sabéis, hoy es mi último día como docente en la facultad de derecho y mi último día como docente en general; mi tiempo de enseñar ya se ha acabado aunque no mi tiempo de aprender. Treinta y siete años impartiendo la disciplina de derecho penal a jóvenes como vosotros que creen que el concepto de lo justo es un valor inherente a todo ordenamiento jurídico y a todo el derecho positivo. El derecho no es una ciencia sino una interpretación de cuales han de ser las reglas de las conductas humanas, como regularlas y los métodos de sanción ante su incumplimiento, pero el derecho no es justicia, es mentira, cualquier sistema …….._

La filípica duró toda la hora de clase. El profesor caminaba por el estrado de derecha a izquierda sin parar de hablar como un autómata, los ojos clavados en la tarima y las manos en los bolsillos. De vez en cuando se mesaba la cabeza con serenidad y se ajustaba el nudo de la corbata, por fin concluyó:

_…….Ejercí durante algún tiempo como abogado penalista y pude comprobar que derecho y justicia no es lo mismo, por eso decidí dedicarme a enseñar las reglas del juego y no a manipularlas. _

Los alumnos escuchaban atentos aquellas reflexiones rebeldes de su profesor que desmitificaban los dogmas sagrados del derecho.

El viejo profesor escrutó largamente las caras de los pocos alumnos y dio por finalizada la clase. Con un movimiento rápido se dirigió a la ventana esperando que el aula se quedara vacía y con las palmas de las manos pegadas a los cristales rememoró su primer día de clase.

El atrio de la facultad era en sí mismo un homenaje a la juventud y tanto los más novatos como los veteranos se licenciarían sintiéndose los garantes de la justicia en estado puro. Salía de la estancia con el alma en duelo y el corazón arrugado por el presagio de la soledad. No esperaba regalos, ni fiestas de despedida, ni homenajes. Consciente de su mala fama como docente despiadado y de pocas bromas, hombre asocial y de suspenso fácil, se había ganado la distancia y el recelo de todos.

La joroba de su espalda parecía mas prominente que nunca y caminaba por los pasillos de la facultad contando sus propios pasos. Se percató de algo extraño: un silencio insólito que le obligó a levantar la cabeza……. Allí estaba toda la facultad de derecho al completo, alumnos de todos los cursos y profesores. En el atrio no cabía un alfiler. Estalló una larga ovación al tiempo que le abrían un pasillo que le conduciría al pie de una gran pancarta que decía “tus alumnos te seguiremos dando quebraderos de cabeza”, bajo la pancarta una mesa sobre la cual había una caja pequeña envuelta en un papel satinado azul. Cogió la caja abrumado y emocionado sin atreverse a mirar abiertamente a todas aquellas personas y se dispuso a abrirla cuando observó que llevaba una nota prendida: “no la abras hasta que llegues a casa”. El Rector pronunció unas palabras de agradecimiento y reconocimiento a la labor docente del profesor Salazar y el acto terminó tal como empezó con otra larga ovación.

Al llegar a casa su perro cuco le clavaba las uñas en la tela del pantalón nervioso por el regreso de su dueño. Cuco era el único ser vivo que le esperaba cada día al salir del trabajo. La llegada del profesor Salazar era anuncio de plato con comida y caricias en el lomo, pero ese día su dueño lo ignoró casi por completo. Sirvió dos vasos de whisky con hielo, uno para él y el otro para la foto de su esposa fallecida quince años atrás. Con solemnidad abrió la cajita y descubrió su contenido, era un cubo de Rubik. Los alumnos habían escrito en cada cuadradito una palabra y sería necesario montar aquel ingenio para poder leer los seis mensajes de las seis caras del cubo. Una sentida carcajada se salió del fondo de su pecho, en ese momento comprendió el sentido del texto de aquella pancarta: “tus alumnos te seguiremos dando quebraderos de cabeza”.